Paz mental. Relato online (3): Lo que tendríamos que hacer

Continúa el relato por entregas. Lucía sigue los consejos de su amiga. Adaptarse y dejarse llevar. El resultado: son las dos de la mañana y sigue en el Hopper con Ignacio. Parece que todo va bien. No le busques tres pies al gato, por favor, se dice.



Después de la Coca Cola, Lucía está tomando un gin-tonic, igual que Ignacio. Puede que no tenga más capacidad de atención, o que el camarero sea especialmente ágil. No sabría decir cómo ese gin-tonic ha ido a parar a sus manos. Siente en su piel la música electrónica que intensifica el ambiente. Da la sensación de que ahora la luz es más tenue. En el local, algunas parejas improvisadas negocian espontáneamente, mediante gestos y miradas, la distancia que las une o las separa. Muchas se besan. Le da por pensar que siguen un ritual artificioso.

Lucía mira a Ignacio y él le devuelve la mirada. Entre ellos no se produce el magnetismo. Ignacio se levanta para saludar a alguien que acaba de entrar. Un chico como él, metro ochenta y pico, aspecto de medir las calorías que consume, ligeramente fibroso, intentando mantener su juventud a toda costa. Camiseta de Pac-Man, pantalones con bolsillos laterales. ¿Por qué se levanta para saludarle lejos de mí? ¿Por qué no me lo presenta?, se sorprende ella pensando, como si le importase más de lo que cree. Qué más da.

Ignacio vuelve de saludar a su amigo. El sillón granate en el que estaba sentado ha sido ocupado por una chica con aspecto de llevar algunas copas de más. No lo piensa dos veces. Se le ilumina la bombilla y piensa que es el momento de romper el hielo con Lucía. Se sienta junto a ella en su sofá. Sus cuerpos no llegan a rozarse. Entre ellos hay una distancia de unos diez centímetros.

Anestesiada por los vinos y el gin-tonic, Lucía no reacciona, ni bien ni mal, ante la cercanía de Ignacio. Él apoya su mano derecha en el sillón, ocupando el espacio que les separa. No hablan. No hace falta decirlo todo. Él recuerda la última comida familiar a la que acudió, con motivo de la boda de su hermana pequeña. Se sintió incómodo cuando sus primos y tíos le preguntaron, como si fuese lo más natural, ¿tú para cuando?

Como si se estuviese produciendo una conexión mental, conectados Lucía e Ignacio por recuerdos tristes, a ella le viene a la cabeza la última nochevieja. Preparó una cena excelente: ensaladilla, langostinos y gelatina de frutas… Para ella sola. Se prometió que era la última nochevieja que celebraría a solas. Vuelve al presente. La mano de Ignacio descansa junto a ella. Si la coge habrá cedido todo el terreno pero si la ignora, le deja en un mal lugar.

—Creo que se nos está haciendo tarde —Ignacio se ha acercado más de la cuenta y le está hablando con una voz profunda. 

Ella sabe que no se refiere a la hora sino a otra cosa. Se supone que ahora tenemos que besarnos, se dice Lucía. Pero si eso es lo que tendríamos que hacer, significa que no podemos elegir. ¿Hemos perdido la libertad?

Continuará…

Cinéfilo In Black

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