Paz mental. Relato online (2): El último tren
Continúa el relato por entregas. No sabe porqué ha quedado con él, ni siquiera le ha gustado la cena. Pero su amiga le dice que adaptarse y dejarse llevar, es lo que tiene que hacer.
Hopper es un local fino, de ambiente entre artístico e industrial, un lugar con personalidad, donde el que va, llega para quedarse. Desde luego, no es un lugar de paso. Que ellos dos estén de paso, vayan a estar mucho tiempo o incluso se conviertan en habituales del local, es algo que todavía no tienen claro. Ignacio lo considera un acierto. Ha hecho caso de los comentarios de Google y ha dado en la diana. Además ella parece impresionada. A Lucía le impone respeto este local. Todavía está a tiempo de coger el último metro, y le da que aquí no se viene para estar veinte minutos. Además el ambiente le resulta íntimo. No sabe hasta qué punto le gusta.
Una amplia planta abierta en la que un vistazo no basta para verlo todo. En extraña convivencia, el ambiente industrial de paredes de granito convive con las plantas que airean el local, estratégicamente situadas. Taburetes altos se alternan de forma armónica con sofás y sillones granate. Mesas de madera avejentada. Cuadros y pinturas de todos los tamaños entre lo naif y el arte urbano. ¿Ha elegido este sitio porque ella le dijo que le gustaba la pintura? Quizás se entera más de lo que parece.
—Por la tercera cita, Lucía —ambos han pedido vino. Lo más fácil de pedir porque la cerveza es de estudiantes, los refrescos cortan el rollo y hace años que dejaron los cubatas.
Lucía brinda de forma cortés, sin querer dejarle en mal lugar. Tampoco se excede no sea que se venga arriba.
Por momentos, la música que suena, minimal techno, les dificulta seguir hablando. Una base rítmica sincopada que crea una textura que mecaniza hasta sus pensamientos. Suficiente han hablado ya durante tres citas. Ahora, por un momento, se limitan a hacerse compañía mientras toman otra copa de vino. La luz les da un ligero aire eléctrico. Un ambiente perfecto que no les termina de cuadrar, como si faltara alguna pieza del puzzle.
— Menuda papeleta tengo. En mi centro de salud se han marchado de golpe tres médicos de familia —ella rompe el hielo porque, o bien se han acostumbrado a la música, o bien la han bajado. Y no le parece que acaben enfrascados en sus móviles.
—Será porque la Seguridad Social está mal gestionada —era previsible que respondiera eso…
—Tampoco es eso, eh…
—¿Te apetece otra ronda?
—Ya es demasiado. Llevo tres vinos y no suelo beber.
Con discreción, saca su móvil para ver la hora. Casi es la una y media. Cuando entraron aquí podían haber cogido el metro. Ahora no. Las diferentes opciones que baraja le parecen incómodas. No le apetece esperar un bus nocturno, tampoco gastarse veintitantos en un Uber. ¿Y si se queda a tomar otra?
—¿Te parece muy tarde? A estas horas ya no queda metro, te puedo acercar yo si quieres —suelta él con una naturalidad que le eriza la piel.
Llega otra ronda. Espera que una Coca Cola zero le espabile aunque sabe que eso es mucho esperar.
Continuará…

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