Un caballero a la deriva. Herbert Clyde Lewis

Lectura amable con fondo inquietante



No hay nada mejor para una sobremesa que una novela corta. El disfrute se amplía si esa novela, que empiezas a leer con tranquilidad, disfrutando su esquematismo, la limpieza de su prosa, su inconfundible aroma clásico, va más allá de la aventura o el costumbrismo. Y es que Un caballero a la deriva, de Herbert Clyde Lewis, se sirve de esos mimbres —estilización, prosa amable, imaginería sosegada— para empujarnos hacia la supervivencia, componiendo una metáfora existencial que fácilmente podrían firmar Alberto Moravia, Dino Buzzatti o incluso John Cheever.

Hablamos de una novela escrita en 1937 pero que gracias a lo universal de su trasfondo, sigue resultando tremendamente actual. Henry Preston Standish es un caballero de moral intachable. Buen esposo, buen padre de familia, eficaz trabajador... Pero algo en su interior no funciona bien, pasa una mala noche y su cuerpo, por alguna razón que él mismo no quiere interrogar, le pide un descanso. Decidirá hacer un viaje para pasar algo de tiempo a solas y reconciliarse consigo mismo. Casualidades del destino: se embarca en una nave encantadora, el Arabella, para surcar el Pacífico... Y naufraga, viéndose solo en la inmensidad del agua.

Digamos que Herbert Clyde Lewis es buen psicólogo. Sabe perfectamente que lo más importante es aquello que no se dice. Ahí está lo fascinante de esta novela. Una trama sencilla, minimalista, que cada vez juega con menos elementos, hasta limitarse a describir el océano y un hombre que hace lo posible por no hundirse. La potencia de estos reducidísimos elementos despliega ante nosotros poderosas insinuaciones e invita a reflexionar sobre la existencia misma. Como diría un filósofo, solo el náufrago encuentra su destino.

Pero lejos de ser una fábula moral, Un caballero a la deriva se convierte en un depurado ejercicio de estilo rebosante de tensión narrativa, que por momentos se convierte en un relato de terror. No creo que sea casualidad que uno de los socios de Standish sea el Sr. Pym. Alusión directa a La narración de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe, novela de la que en cierto sentido, ha bebido Herbert Clyde Lewis.

Pese a ese aire amable con el que se presenta, Un caballero a la deriva es una novela compleja y dura, que con mucha sutileza y ningún subrayado cuestiona nuestras vidas y nuestra forma de relacionarnos. Es más, disfrazándose de clásico literario, se atreve a dar un salto hacia la modernidad para ofrecernos una obra desgarrada, por momentos nihilista. Finalmente acaba demostrando una vez más, como dijo Flaubert, que las buenas intenciones hacen mala literatura.

Atentamente,

Cinéfilo In Black

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