Coleccionismo VS Minimalismo
Las casas sin DVDs son salas de espera
Colecciono películas desde que era niño. Por lo menos desde los once años, en ese glorioso 1986, cuando llegó el VHS a mi casa. Recuerdo confeccionar mis propias carátulas con recortes de periódicos y revistas. Más adelante pedía carteles y materiales promocionales en los videoclubes de mi barrio. Con tal de librarse del niño pesado que era yo, siempre me daban algo. Pasan las décadas, aparecen nuevos formatos como el DVD y las habitaciones —las casas enteras, cuando el día menos pensado, alzas el vuelo y vives por tu cuenta—, se convierten en almacenes mal ventilados, hacinados y generalmente, no tan limpios como nos gustaría.
Tengo que decir en mi descargo —si es que ayuda decirlo— que nunca he sido el más coleccionista. Digamos que he sabido frenarme a tiempo. He conocido a mucha gente que compraba de forma compulsiva, hasta el extremo de verse continuamente en números rojos. Esta la compro por curiosidad. Esta por completismo. Esta porque, claro, se han puesto pocas copias en distribución y hay que darse prisa, que luego se agota. Siempre hay motivos para seguir comprando.
El caso es que me fui distanciando de estos completistas. Tampoco pasó nada especial. Simplemente se fueron agotando los temas de conversación. Un buen día —y de esto hará diez años— se me ocurrió meterme en Tinder para cambiar de aires y de paso ligar. Ya te adelanto que no me fue mucho mejor. Eso sí, a lo tonto tuve bastantes citas y entré en bastantes casas ajenas. Solo con pasar quince minutos allí me moría de aburrimiento. En todas partes los mismos muebles minimalistas, de vez en cuando algún libro suelto y encontrar una estantería con DVDs o CDs de música era casi tarea detectivesca. Aquellas casas que visité parecían salas de espera, pero no de un dentista sino de una agencia inmobiliaria. ¿Qué hará la gente por la noche en sus casas? ¿Arreglar los grifos? ¿Ver La Sexta o Antena 3? Tremendo, tú. Si no me crees, compruébalo por ti mismo.
El caso es que, hará menos de un año, tomé una decisión drástica. Vendería mi colección de DVDs y algunos VHS que todavía conservaba. Se acabó el coleccionismo. Mi prioridad, ahora que paso de cincuentón, es vivir en una casa limpia, ordenada y agradable. Sigo viendo películas, eh. No me pillarás viendo Antena 3. Tampoco Telecinco. Pero esa colección que tanto he disfrutado y alimentado durante décadas ahora está en otras manos.
Gracias a la comunidad de Frikéame —desde aquí mi agradecimiento a Jesús Ureña, por ponerlo todo de su parte y ser tan buen anfitrión—, contacté con Aitor, un chico de Orense que ha fundado y gestiona Videoclub Morgan, una plataforma online, de momento alojada en Wallapop, donde hay más de quinientas películas —más de mil, diría yo— esperando a que las compres. No se me ocurre un destino mejor para todas esas películas que me han acompañado, que el nuevo hogar, digamos, de adopción, de otros aficionados que seguirán dándoles vida.
Cuéntame tu caso en comentarios. ¿Coleccionabas y lo dejaste? ¿Has empezado ahora? ¿O no te interesa para nada el coleccionismo?
Y no dejes de visitar Videoclub Morgan.
Atentamente,
Cinéfilo In Black

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