Nouvelle vague (Richard Linklater, 2025): Cine sin cine, película sin película

Godard para principiantes, o cómo caer víctima de las anécdotas



Richard Linklater desembarca con un homenaje a ese cine libre y creativo de los años sesenta con una cinta de empaque documentalista, retratando situaciones, conversaciones y cineastas, yendo con la verdad por delante. De entrada, y en lo que respecta a películas de cine dentro del cine, esa actitud me resulta sospechosa porque suele acarrear el lastre de lo real y documentado.


El reclamo no debería ser la aparición de Melville

 sino integrarlo en una ficción poderosa

La narrativa audiovisual suele ir por otros derroteros. De ahí que películas que pregonen esa verdad, como RKO 281 (Benjamin Ross, 1999), Mank (David Fincher, 2020) o la propia Nouvelle vague, acaban siendo esclavas de la anécdota para contar historias que ya conocemos a grandes rasgos. Qué diferentes son El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950), Fedora (Billy Wilder, 1978), Ed Wood (Tim Burton, 1994) o Dioses y monstruos (1998), Estas últimas, partiendo de cineastas que por diferentes razones se han vuelto míticos, a veces desde la inspiración directa y otras desde la pura fabulación, los sitúan en medio de argumentos intensos, llenos de creatividad.

Richard Linklater presenta Nouvelle vague como retrato cuasi periodístico de la fundación de la Nueva ola francesa, con el rodaje de Al final de la escapada (Jean-Luc Godard, 1960) como pistoletazo de salida. Cineastas entonces jóvenes como Claude Chabrol o François Truffaut se dan cita en la película, junto con referentes suyos, como Robert Bresson. El tono está muy bien conseguido, contando con una abrupta y contrastada fotografía en blanco y negro, similar a la de las películas independientes de esa época. Una lástima que ese perfeccionismo a la hora de recrear la imagen de los directores en liza, también llegue a la reproducción intencionada de las imperfecciones que daban vida al cine de toda la vida. Me refiero al cansino recurso de imitar el cambio de bobina con el dibujo de un círculo. Una aportación que genera distancia porque subraya el artificio.

Belmondo, Jean Seberg...Todas las estrellas de ese cine radical y casi adolescente se dan cita en Nouvelle vague. Pero en tiempos de fake news ya hemos visto de todo y casi nada nos sorprende. El reclamo no debería ser mostrar a Jean-Pierre Melville sino integrarlo en una ficción sólida e imaginativa. Nada de eso. Lo que hace Nouvelle vague, de forma escrupulosa y como si temiera defraudar expectativas, ilustrar los lugares comunes y dejar constancia de las frases geniales de Godard, como «Todo lo que necesitas para hacer una película es una chica y una pistola».

La crítica y los aficionados se han dividido al calificar esta película. No me extraña. No veo claro a qué público va dirigida. Para espectadores que desconozcan la Nouvelle vague resulta demasiado referencial y con poca entidad propia. Y para los que hemos visto unas cuantas películas de aquella época, es una presentación formal que ya no hace falta. En todo caso podría interesar a neófitos que en menos de dos horas quieran aprender lo básico sobre estos títulos y cineastas. Godard made easy.

Atentamente,

Cinéfilo In Black

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