La habitación de Nona: seis fabulaciones de Cristina Fernández Cubas

Porque la realidad es un pozo de enigmas...



Hará unas semanas leí La habitación de Nona, de Cristina Fernández Cubas. Tenía curiosidad por leer a la indiscutida reina del relato corto en castellano, que ha ganado los premios literarios más relevantes. Precisamente por eso, desconfiado que es uno, me figuraba que encontraría unos relatos, entiéndase en el mal sentido, académicos, tradicionalistas, anticuados... Mi desconcierto fue enorme al darme cuenta rápido de que no estaba ante seis relatos sino ante seis enigmas sin solución, seis provocaciones que solo podemos asumir sin comprender del todo.

El radicalismo del punto de vista

Podríamos decir que Cristina Fernández Cubas cultiva el género fantástico, pero de forma libérrima y anarquizante, huyendo de las imaginerías habituales en el género, empleando toda su fuerza y capacidad como escritora en resultar inclasificable. El resultado es una sana reivindicación de nuestra parte irracional y a menudo deriva en el retrato de unos personajes que, sobrepasados por su realidad, afrontan sus vidas de manera particular.

Pero ¿estas conclusiones que débilmente intento cerrar, sirven para comprender los relatos de Cristina Fernández Cubas? Seguramente no, porque la violencia de los giros argumentales, de los puntos de vista, el feroz relativismo que recorre los relatos de La habitación de Nona hace que revisemos mentalmente, una y otra vez, cada relato, o directamente nos abandonemos a la fantasía creciente y simplemente nos dejemos sorprender.

Estos seis relatos transcurren en el presente y parten de situaciones cotidianas. Una niña que siente envidia de su hermana porque le suceden cosas extraordinarias, una mujer al borde del desahucio que recibe la ayuda de una anciana bondadosa, un grupo de colegiales que contemplan un cuadro en un museo... Las mujeres tienen un papel protagonista. Pero en manos de Fernández Cubas, los personajes y las situaciones que atraviesan no son más que el punto de partida para un tratamiento literario culterano que nos llevará mucho más lejos de lo que pensábamos.

Si digo que la lectura de La habitación de Nona me ha parecido estimulante, me quedo corto. Me alegra especialmente que nuestras autoridades culturales ensalcen a una escritora arriesgada y nada cómoda, como Cristina Fernández Cubas. Como decía Carmen Martín Gaite en uno de sus libros —cito de memoria—: La realidad es un pozo de enigmas. Si no me creen, consulten a los sabios.

Atentamente,

Cinéfilo In Black

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