Dobles vidas (Oliver Assayas, 2018)
Malditos intelectuales melancólicos
Un editor veterano (Alain) recibe en su despacho a uno de sus autores de toda la vida (Léonard). En su trato —parece que amistoso— no hay lugar para la compasión. Cada uno desde su lado de la barrera, como el editor que selecciona y el autor que aspira a ser elegido, se hablan sin parar. Circunloquios apabullantes acerca del mundo de la cultura, en especial de la edición literaria en tiempos digitales. Un mundo que les arrolla y les está dejando en el arcén, aunque no lo quieran admitir.
Al ver a estos neuróticos, me estaba viendo a mí
Me sorprendía la falta de consideración de estos dos. Ningún interés por cómo te va la vida, si te encuentras bien... Al contrario. Una tralla de conversación de tipos alienados que utilizan al prójimo como frontón al que disparar sus juicios y preocupaciones. En algún momento me planteé abandonar y dejar de ver Dobles vidas. Pero por lo que sea, empecé a notar un pulso narrativo muy fuerte, por encima de las apariencias, una forma muy particular de contar historias y una capacidad exageradamente ágil para retratar unos ambientes y tipos humanos a los que no soy para nada ajeno.
¿Y si era eso lo que me estaba molestando? Que al ver a esos neuróticos —intelectuales melancólicos, que diría Jordi Gracia— me estaba viendo a mí mismo, cada vez que abuso del tiempo de mis semejantes con mi conversación florida, o sin ir más lejos, desde este blog.
Pasaban los minutos y, abandonada la idea de quitar la peli, estaba cada vez más inmerso en sus diálogos, ese chorreo cultureta imparable, intentando quizás encontrar alguna clave... Todo lo que vi era una pandilla de cincuentones asustados que ven su mundo con una mezcla de extrañeza y desprecio.
Con las cartas boca arriba y ante mis narices, sin que yo apenas me diera cuenta, Olivier Assayas iba tejiendo un conjunto de relaciones de parejas cruzadas asombroso. Como en esa ilusión óptica de la vieja y la joven, en función de dónde pongas el foco, ves una cosa o su contraria. Finalmente disfruté mucho de Dobles vidas. Chispeante, inquieta, llena de insinuaciones. Y encima con Juliette Binoche. Es una película en la que se habla sin parar, de forma exagerada, una barbaridad. Pero que tire la primera piedra quien no lo haya hecho alguna vez. A fin de cuentas, esta película viene a demostrar, así a la chita callando, que lo más importante es lo que no se dice.
Atentamente,
Cinéfilo In Black


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