Cinéfilos: entre la erudición, la originalidad y la presencia

En crítica de cine, la personalidad y la presencia cuentan tanto como los datos



Decir que con la llegada de la sociedad digital todo ha cambiado hasta volverse irreconocible, es de Perogrullo. Con todo, quiero retratar cómo ha cambiado la crítica de cine en este último cuarto de siglo, porque también se ha vuelto irreconocible, y es un sector de la cultura en el que seguramente muchos no reparan.

Nace una nueva cinefilia

El cambio es constante, y los inicios de mi cinefilia, a principios de los noventa, también sorprendieron a los aficionados y profesionales de la vieja guardia. Los que crecimos en los años setenta y ochenta, vivimos la desaparición de los cines de barrio, el nacimiento de los videoclubes y la llegada de las televisiones privadas. Nuestra cinefilia, por fuerza, era más ecléctica que la de los veteranos —veíamos películas de la B a la Z sin problemas—, menos jerárquica —Chuck Norris molaba tanto como John Wayne— y a causa del zapping, un tanto anarquizante.

En esos años, tener una colección de 500 o 700 cintas en VHS ya era un emblema. Casi todas eran grabadas de televisión, muchas, copiadas de vídeos alquilados y otras, provenientes de intercambios por correo con aficionados de otras latitudes. Era una forma de rescatar del limbo aquellas películas que solían quedarse fuera de circulación

Entonces, los que escribíamos sobre cine, a menudo con una pesada máquina de escribir, necesitábamos una mesa lo suficientemente amplia como para sostener enciclopedias voluminosas y obras de referencia, hasta cinco o seis, necesarias para corroborar citas y detalles de producción,

En esos últimos años del siglo XX, el cine era un tema de conversación habitual, incluso más que ahora, y la erudición, la capacidad de albergar y retener mil y un informaciones, componían unas habilidades muy llamativas, que le hacían a uno salir airoso en cualquier reunión. También se estilaba un tipo de crítica de cine muy erudita, a menudo hasta la extenuación, siendo el relato de antecedentes y referencias cinematográficas un ejercicio de malabares en el que algunos críticos se entretenían con gusto, digamos que luciendo bíceps.

Pero todo está conectado

El siglo XXI amaneció con todos nuestros hogares conectados a la Red, y todo cambió, quizás más aprisa. Todas esas informaciones a las que accedíamos gastando una parte importante de nuestro dinero en libros, a los que dedicábamos tardes enteras para ir anotando y cruzando referencias... Todas esas informaciones, o al menos casi todas, ahora estaban a un click. Lo mismo sucedió con esas películas que atesorábamos, a menudo en copias lamentables. 

La información se democratizó, y la exhibición elitista de la erudición cinéfila, dejó de tener sentido. Recuerdo lo que me dijo un amigo por aquellos años, advirtiendo los cambios en la escritura y la necesidad de nuevos planteamientos: Tener mucha información no te hace ser sabio.

Ante todos estos cambios sociales y en el mundo de la comunicación, el crítico de cine solo puede avanzar. Muchos de los libros que disfruté en aquellos años noventa, como Las diez caras del miedo, de Rubén Lardín, han quedado ya superados por estos avances. En estos días estoy leyendo un ensayo multidisciplinar, que combina lo cinéfilo con lo histórico y, en un sentido amplio, lo cultural. Me refiero a ¡Me cago en Godard!, del periodista, especialista en política y en cine, Pedro Vallín.  

Me imagino que la mera erudición ya no tiene cabida casi en ningún terreno cultural. Los críticos de cine nos vemos obligados a reciclarnos continuamente, mantener la actitud de aprendizaje y tender puentes entre unos asuntos y otros, llegando a conclusiones novedosas. Seguramente, para un nivel básico de divulgación, hoy funcionan mejor otros canales. Por eso mismo, para poder mantenerse y ocupar un lugar en las estanterías, los libros de cine necesitan estar escritos con buena mano y ambición. En tiempos de sobrecarga de la información, la personalidad y la presencia cuentan tanto como los propios datos.

Atentamente,

Cinéfilo In Black

Comentarios

Lee también