¿Envejecen las películas o envejezco yo?

¿Cuándo fue la última vez que sentiste miedo?



Ya desde mi adolescencia me tomaba muy en serio mi vocación por el cine, aunque los resultados fuesen discretos. Eso me daba igual. Quería llevar mi afición a otro nivel, y para ello leía a los críticos más prestigiosos. Me sumergí en ensayos como El cine fantástico (Dirigido, 1987), de José María Latorre o El cine de terror. Una introducción (Paidós, 1993), de Carlos Losilla. Me llamaba la atención el consenso ante los clásicos intocables, y de qué manera, llegado un punto, veían el cine del momento con más distancia. Latorre hablaba de Posesión Infernal (Sam Raimi, 1982) con indiferencia. Losilla, quizás por no seguir un afán completista, pasaba de puntillas por ciertos autores del terror moderno, aunque se detenía bastante en dos películas: Henry, retrato de un asesino (John McNaughton, 1986) y El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991).

Tanto José María Latorre como Carlos Losilla empleaban algunas expresiones un tanto lapidarias que todavía sigo recordando. Latorre señalaba la necesidad de que las películas tratasen al espectador como persona sensible e inteligente, algo que a su juicio, no siempre se daba. Y Losilla, siguiendo su planteamiento psicoanalítico, describía a los seguidores de las películas más gore y sensacionalistas como "adolescentes histéricos". Pues bien, esa extrañeza que les suscitaba el cine de terror moderno a aquella vieja guardia de cinéfilos la siento yo ahora, en la última década o quizás en los últimos quince años, frente a las películas de terror que se estrenan.

No pretendo cerrar el debate, no soy quién. Seguramente esas películas no están pensadas para mí, eso es todo. Su público es otro. También es normal —yo diría incluso que deseable— que los gustos e inquietudes de uno cambien con el tiempo. Igualmente, me atreveré a avanzar algunas pautas que observo. Las diferencias entre el cine de terror de los setenta y ochenta y el actual. Porque al margen de que los nuevos estrenos no estén pensados para un espectador como yo, también han cambiado las películas propiamente dichas.

El cine de terror digamos, de toda la vida, tendía a la abstracción, a la ensoñación filosófica. Narraciones estilizadas muchas veces sin una moraleja clara, que componían fábulas para adultos. Conforme avanza el siglo XXI, el cine de terror se acerca cada vez más a la realidad, con formatos como el metraje encontrado o la cámara oculta. Este tipo de cine tiende al naturalismo más descarnado, a la crónica de sucesos o a la exhibición de vísceras, cada vez más lejos de la poética de los clásicos del género.

Por otro lado, la política de distribución por géneros se vuelve más relativa. Da la sensación de que llegará el momento de "un único género": películas que combinen la aventura con la especulación científica, el momento de romance, las secuencias de thriller y el terror. Una película que abarca todos los géneros a la vez. También, para evitar la rutina de la consabida historia de terror, algunos, como la productora/distribuidora A24, combina los elementos añadiendo pretensiones e intelectualidad, con resultados no siempre a la altura.

Al margen de que el contenido se vuelva más prosaico o más intelectualizado, también hay muchos fans que se quejan de que los maquillajes, gracias a los avances técnicos, son excesivamente realistas, lo que al contrario de lo que se pudiera pensar, genera distancia. Porque quedan atrás esos efectos especiales naif, que nos resultaban divertidos, y llegan unos efectos que parecen sacados de una sala de autopsia, que muestran un perfeccionismo y un gusto por el detalle que muchos no necesitamos. 

También hay motivos estéticos que marcan el cambio en el cine de terror. A nadie le pilla por sorpresa si digo que nuestro mundo ha envejecido y perdido color. Son tendencias muy extendidas del diseño en todos los ámbitos, que hacen que ahora un coche amarillo huevo o un abrigo verde claro se antojen excéntricos. Además las cámaras digitales tienen menos capacidad que las analógicas para captar el color en todos sus matices. Podría citar un montón de películas oscuras que en cierta manera, brillan por la intensidad de sus colores. Películas que pertenecen al pasado y que ahora serían muy difíciles de encontrar.

Por todo esto, a día de hoy veo los estrenos de cine de terror como algo bastante ajeno a mí. Si tuviera que citar una película reciente que me ha entusiasmado, sería Nosferatu (Robert Eggers, 2024). Pero para mí ya no es habitual disfrutar con este tipo de estrenos. Si quieres contarme tus impresiones, leo tus comentarios. ¿Cuándo fue la última vez que sentiste miedo?

Atentamente,

Cinéfilo In Black

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